¿Telecomunicaciones para todos?

Heberto Alvarado Vallejo
@heberto74

Son las nueve y treinta de la noche. Hace unos 30 minutos ubicaba en la musa algunas frases para iniciar un artículo sobre el día mundial de las telecomunicaciones, que se celebra mañana 17 de mayo.

La próxima subasta de espectro en la banda de 1700Mhz/2.1.Ghz sin dudas generaba optimismo sobre el porvenir. Un país que podría volver a enrumbarse en el camino del progreso, pues con estas frecuencias, se colocará tecnología de punta capaz de acelerar de un solo tajo la penetración de internet y hacernos competitivos en la cada vez más modernizada Latinoamérica.

Pero un corte de luz inoportuno, similar al de hace 48 horas me ubicó en la realidad. Las cacerolas repicando a ritmo presuroso bloquean la musa y a la vez la avivan. Imposible entender que un país hasta hace pocos años se consideró vanguardista, caiga en el letargo y sufra de cortes de luz. Imposible que Maracaibo, capital energética de América Latina, con casi 100 años de extracción petrolera esté sin energía.

Es inconcebible pensar,  por un instante, que podremos tener un mejor país, si vemos que las autoridades siguen empeñadas en transformarnos en una República Bananera del siglo XIX.

El día mundial de las telecomunicaciones nos coge en Venezuela con deudas. Una deuda gubernamental, una deuda empresarial y también decirlo una ciudadana. El país, que se jacta de tener un100% de penetración móvil celular; 4 millones de usuarios de BlackBerry y un parque de Smartphone que podría superar el 30% del mercado total, simplemente sigue siendo una sociedad feudal, supeditada a Caracas y a las decisiones que se tomen en la capital.

¿Por qué Caracas no sufre cortes de LUZ? ¿Por qué la protesta cívica de los ciudadanos de Maracaibo, Valencia o Puerto Ordaz no impacta en el Poder Ejecutivo? ¿Por qué no impacta en los medios de comunicación?

No hay mayor impacto porque el país se ató a un desarrollo orquestado desde el centralismo. No hay acciones, no hay repercusiones si la protesta no ocurren en Caracas.

¿Por qué no hay medios de comunicación social fuertes y con impacto nacional fuera de Caracas? Simplemente porque el país se pensó desde la capital. El centro de las decisiones, el centro de las acciones y el centro de las reivindicaciones.

¿Qué hubiese pasado si los continuos apagones que sufre Maracaibo, se produjeran en Caracas? ¿Qué pasaría si en la segunda ciudad de Venezuela existieran medios de comunicación radioeléctricos con impacto nacional e internacional? Seguramente las cacerolas que me ensordecen ahora tuvieran un impacto global. Saturaría de sudor las sienes de las autoridades y se buscaría una solución.
Pero eso no ocurre, ni ocurrirá. El país se acostumbró a verse desde el Valle Caraqueño y si no pasa en Caracas, simplemente no nos interesa.

En este día mundial de las telecomunicaciones quiero recordar un artículo recientemente publicado, elaborado a partir de los indicadores de Conatel. El ente regulador, muy diligentemente, demostró el alarmante grado de desigualdad que tiene la internet venezolana.
Caracas, y algunas zonas del Estado Miranda, básicamente la circundante al área Metropolitana, ostenta una penetración de internet del 90%. Enorme proyección, Caracas tiene cifras similares o incluso superiores a Corea del Sur, Japón y Estados Unidos.

El resto del país no llega al 30% en promedio de penetración. Por debajo de la media Latinoamericana. Este sin dudas, es otro elemento que debemos considerar y poner en la palestra cuando encendamos y apaguemos las velitas del día mundial de las telecomunicaciones.

Un país rural o peor aún, en deterioro. Las esperanzas sin embargo siguen incólumes. Algún día, espero que las telecomunicaciones en Venezuela verdaderamente se desarrollen a escala nacional. Que haya fibra óptica y suficiente conectividad para que no pase desapercibida ninguna acción de protesta.

Para que la voz del pueblo, de los ciudadanos sea escuchada, sin importar de donde salga el grito. El desarrollo de las telecomunicaciones en Venezuela, sencillamente están en mora. Son las 12… llegó la luz

 

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