Entre logros e indiferencias

Heberto Alvarado Vallejo @Heberto74

El año comienza con retos y expectativas. América Latina iniciará una década dorada en su economía y evolución tecnológica. Las expectativas ante la construcción de un anillo digital de fibra óptica será de vital importancia para el desarrollo definitivo de la internet tanto en velocidad como en alcance. Podría sin dudas ser el punto de inflexión para la maduración de nuevos negocios, basados en la red.

Brasil será sin dudas el principal impulsor de este anillo digital y podría también ser el principal beneficiado. Tener vecinos que maduren en su oferta tecnológica sin dudas dinamizará la economía regional donde Brasil controla buena parte de los negocios.
Pero más allá de la geopolítica. Será de vital importancia que los gobiernos de la región tomen la agenda digital como punta de lanza de sus planes nacionales. Colombia, por ejemplo, dio pasos de gigantes en los últimos 5 años. Luego de la decisión de exonerar de IVA los productos de tecnología y estimular la instalación de empresas tecnológicas, la nación comienza a verse grande en la región.

Los colombianos triplicaron el número de computadoras por usuarios y ahora gozan de un prometedor 50% de penetración de internet, por encima de la media regional. El ejemplo de Colombia debe ser replicado en otros países de la región que aún no toman decisiones trascendentes y no politiqueras en su agenda digital.
Las consecuencias para las naciones que no tomen en serio este tema son incuantificables. No sólo afectarán su productividad; también habrá repercusiones en la calidad de la educación, las destrezas técnicas de su mano de obra y la calidad de vida de sus habitantes.

Podremos ver en menos de una década naciones más pobres y menos capacitadas; brechas digitales y económicas que difícilmente puedan ocultarse con la exportación de recursos naturales y ventas de otras materias primas.
Algunas naciones de la región entendieron el reto de entrar en la sociedad del conocimiento; saben que la actual economía la riqueza se mide en bits y no en quintales de café, barriles de petróleo o minas de cobre.

Lamentable que países con enorme potencial para competir con éxito en la Sociedad del Conocimiento se hayan estancado. Venezuela, es un ejemplo palpable de esta inexplicable paralización.

El Gobierno no agiliza la economía, tampoco estimula a la industria digital y expone, basándose en una falsa creencia social, que el país marcha muy bien. Una tremenda mentira de proyecciones épicas y que se cae con su propio peso. La realidad de Venezuela, la deja mal parada de cara a la próxima década y por ello urgen medidas concretas para estimular la economía digital.

 

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