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El efusivo discurso del Presidente Hugo Chávez, durante el segundo día de conversaciones de la cumbre ASA- América del Sur y África- hacía referencia a las potencialidades de desarrollo del mal llamado continente negro. Novecientos millones de habitantes, inmensas reservas minerales y madereras, eran mencionadas por el Presidente de la República.
Repentinamente el propio Chávez interrumpe su discurso al ver la mano levantada del Presidente de Níger, Mamadou Tandja. ¿Algún comentario alusivo a las exposiciones o planteamientos que hacia el presidente venezolano? No, el líder de Niger, interrumpía la conferencia para exponer el reclamo de toda la delegación por el exceso de frío que había en el hotel Hilton de Margarita.
Quizás cansado, hambriento o poco interesado en las deliberaciones Tandja puso en evidencia uno de los más importantes retos que tendrán que asumir tanto el Presidente Chávez como los demás líderes de América del Sur, en especial Brasil que será sin dudas el gran promotor de la integración.
Tandja, como buena parte de los líderes africanos, pertenecen a una clase selecta, muy privilegiada, dueña de la mayoría de las riquezas de un continente inmensamente rico, pero, contradictoriamente, totalmente pobre. Una clase que no asoma el más mínimo pudor al manifestar cuál es su mayor interés: su comodidad.
Naciones corruptas, dictaduras, guerras civiles, lucha de clanes, distribución desigual de la riqueza. En África, especialmente en la región subsahariana, las calamidades son evidentes; como lo es, ineficacia de las políticas públicas, casi inexistentes.
La tragedia del África Negra, como se califica a toda la región al sur del Sahara, no sólo es culpa de los años de colonialismo, de esclavitud, de extracción de riqueza y de difusión a través del cine de un continente inhóspito, salvaje; donde el hombre blanco llega a esclavizar a tribus asesinas y a cazar animales demoníacos; también depende de buena parte de sus líderes actuales, más interesados en enriquecerse que en llevar progreso a sus pueblos. He allí el principal reto que tendrán los gobiernos de América del Sur, liderados por Brasil y Venezuela; ambas naciones con mucha influencia en el continente africano.
¿Cómo lidiar con líderes más interesados en sus beneficios que en sus pueblos? ¿Cómo hacer de África un polo para la integración Sur-Sur? Esas interrogantes inquietan porque las respuestas se quedan cortas. Son pocos quienes creen que África se modernice, pues, los mayores interesados en mantener el retraso son sus propios dirigentes.
Sin embargo, las limitaciones y dificultades se quedan pequeñas ante el potencial del continente. Por eso, los líderes sudamericanos no escatimaron palabras para hacer ver cuál es el verdadero interés: crear un mercado de más de mil 200 millones de personas. El más grande, luego de China e India. La labor, nada sencilla, requerirá de planes concretos, decisiones y propuestas efectivas.
Buena parte de esas directrices deberán ser asumidas por Venezuela, que, sin ninguna oposición asumirá la sede y la secretaría permanente del ASA. Nuestra nación deberá parir las ideas y trazar los objetivos en común que tendrán ambos continentes. Una labor nada sencilla, sobre todo si se enfrentará a líderes con pensamientos diversos; con culturas disímiles.
Presente y futuro
Si el mensaje de esperanza y progreso que se escucha en América del Sur tiene peso específico entre los votantes. En el África subsahariana, el impacto de este discurso es casi mínimo. A excepción de los presidentes, reyes y demás dirigentes, esta inmensa región es la más pobre y enferma del mundo.
Para los pueblos que viven en el sur del Sahel, (toda la franja que divide el desierto del Sahara con el centro de África) las palabras de progreso y desarrollo tienen otros significados. Para ellos, hablar de cable submarino, conexiones a internet, refinerías, creación de minas, ni siquiera llegan a ser sueños, son avances poco importantes. Su principal preocupación es la obtención de medicamentos antirretrovirales para apaliar los efectos del VIH, que, de manera acelerada amenaza el futuro africano.
En la región subsahariana habita dos tercios de la población mundial con Sida, según reporta la Organización Mundial de la Salud. Zimbabue, Sudáfrica, Suazilandia, Namibia y Lesoto son las naciones donde más enfermos hay, con el 10% de la población infestada. A este drama se le unen los problemas económicos; en toda la región subsahariana más del 46% de la población sobrevive con menos de un dólar al día. La suma de estos factores reduce dramáticamente la expectativa de vida del África negra, con apenas 46.3 años.
La FAO, la UNESCO y demás organizaciones internaciones han advertido que la mayor necesidad del África subsahariana es la educación. En ella se centra la solución a todos los problemas del presente y del futuro del continente. Para 2050 se estima que en esta inmensa zona habiten mil 506 millones de seres humanos; de los cuales un 50% vivirá en zonas rurales.
El objetivo primordial es lograr que las futuras generaciones obtengan las herramientas idóneas para salir de la pobreza, que hoy en día provoca que el 41.5% sea analfabeta. La educación, en “la madre África” es para muchos expertos el gran impulsor del cambio. Es por ello que toda iniciativa que sume y vuelva a poner a África en el tapete es positiva. Cobra especial importancia el interés de Muammar Gadafi y Hugo Chávez de propiciar la construcción de cable submarino que interconecte a las naciones al sur del Sahara con el resto del mundo.
Refundar el NOMIC
Si la educación es crucial para que África progrese es fundamental la adecuación tecnológica del continente. Hace 30 años, la Unesco, atendiendo las peticiones de muchas de muchos estados del llamado Tercer Mundo, sobre el manejo poco equitativo del mensaje informativo, concluyó que las comunicaciones humanas, eran fundamentales para la formación de los pueblos, el aprendizaje continuo y el progreso.
La investigación que incluía a destacados investigadores de todo el mundo, concluyó en el informe “Un solo mundo, voces múltiples” que las naciones del llamado tercer mundo habían sido subordinadas también en lo informativo. Sufrían desinformación y carecían de un mensaje útil para su progreso. Sean Mac Bride, líder irlandés que tenía un premio Nobel de la Paz, desvelaba, junto a otros grandes investigadores, como Gabriel García Márquez, que el retraso de buena parte de las naciones del mundo estaba íntimamente ligado a una comunicación apegada a los intereses de los imperios que los de los pueblos subordinados.
Tal situación llegaba a ser particularmente grave en África, región que tuvo a la mayoría de sus países como colonias bien entrado el siglo XX. La mayoría de estos pueblos creció y se amoldó a una cultura importada, una lengua extranjera y una formación poco adecuada a sus contextos. Esto se agravó con la llegada de los satélites, la gran prensa y los intereses comerciales de los anunciantes.
A menos de 40 años del fin del colonialismo en África, se aprecian las consecuencias del incentivo y promoción de una cultura poco adecuada al contexto. Las grandes capitales, como Pretoria- Sudáfrica- Nairobi -Kenia- sufren los males del mundo occidental: delincuencia, desigualdad social, marginalidad, consumismo. No se incentivó un desarrollo más adecuado a las realidades de estos pueblos.
El llamado Nuevo Orden Mundial de la Comunicación e Información, que sería la antesala de un Nuevo Orden Económico Internacional, fracasó en menos de diez años. Los motivos fueron diversos: algunos expertos comentaron que con el fin de la Guerra Fría, los gobiernos dejaron de financiar proyectos de información distintos al que se implantaba: El free flow ( libre flujo de la información que nació de la escuela estadounidense).
Otros comentan que los estados del Tercer Mundo, si bien financiaron la creación de agencias de noticias e hicieron algunos esfuerzos para lanzar sus propios sistemas satelitales, no propiciaron la consolidación de los mismos y mucho menos la participación de la gente, el estimulo a la cultura local y la educación. Los desarrollos informativos que se gestaron tuvieron un fin netamente propagandístico.
A 30 años de presentado el Informe Mac Bride, las circunstancias son las mismas. Ahora, en lugar de haber intereses coloniales, existe apatía y desinterés de las naciones africanas de sentar las bases de nuevos y modernos sistemas de comunicaciones. Necesarios para la formación de los pueblos.
La poca penetración de internet, la escaso uso de los teléfonos móviles como instrumento de trabajo coloca a África en una situación mucho más penosa a la de antaño. Ahora, los satélites no son el mayor medio tecnológico para la masificación del mensaje. Este lugar lo ocupa internet.
Mientras Sudamérica, comienza a desplegar y desarrollar redes de 3era y 4ª generación móvil e incrementa a casi un 25% su penetración a Internet; África está rezagada. Sólo Sudáfrica ostenta posiciones de progreso en las telecomunicaciones. En el continente la penetración móvil no llega a las dos cifras e igual medida tiene internet. Una desventaja real, sin dudas, para el progreso del África.
Diversas organizaciones mundiales, como la Asociación GSM y la UIT han advertido del inmenso potencial de la región. Aseguran que el progreso está ligado al uso de las nuevas tecnologías para las operaciones diarias de los individuos. Garantizan inversiones que podrían impulsar la penetración a internet y a la telefonía celular, pero, indican que los exagerados regímenes fiscales, hacen poco rentable establecer planes de inversión a corto, mediano y largo plazo.
La teoría del buen hijo
¿Cuál podría ser la mayor contribución de Sudamérica? Tomando las palabras de los presidentes de América del Sur, nuestra región tendría mejores condiciones para establecer acuerdos de cooperación y negocios con sus vecinos africanos que las que podrían llegar de Europa y Asia.
La cultura sudamericana, especialmente en Brasil, Venezuela, Colombia y Ecuador, tiene mucho de África. No sólo la música, si no buena parte de los ritos religiosos, y la alimentación. En nuestra región hemos pasado por procesos políticos-económicos y sociales similares a los africanos: colonialismo, subordinación tecnológica, gobiernos corruptos, desigualdad social, inmensas riquezas, altos índices de marginalidad.
Nuestros países, que lentamente comienzan a salir del rezago tecnológico pueden tener una receta más entendida por África, que las propuestas por los organismos multilaterales, como el FMI y el Banco Mundial, más interesados en preservar el estatus quo actual que en buscar salidas ciertas a los males del continente, en especial de la región subsahariana.
Es por eso que el ejemplo del Banco del Sur, que iniciará operaciones con 20 mil millones de dólares, podría ser una receta idónea para financiar proyectos, no sólo en nuestro continente sino también del otro lado del Atlántico Medio y Sur.
Pero, tomando las palabras de los líderes sudamericanos, el objetivo es más ambicioso. Quieren propiciar la creación o inclusión de un banco donde todas las naciones de ambos continentes coloquen sus dineros. Salir de la aberración económica que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, explicaba, en la cual los países pobres depositaban sus dineros en los bancos de los ricos, que posteriormente nos prestaban dinero a tasas de interés elevadas, puede ser clave para futuros acuerdos comerciales.
Sin embargo, de lograr avances en esta materia, el banco multinacional del Sur o Bancasa, como lo llamó el Presidente Chávez, deberá tener como principal objetivo el asegurarse que los ambiciosos presidentes del África subsahariana tomen dichos recursos para su lucro.
Allí, el rol de líderes del África del Norte, en especial el libio Gadafi, juega un papel preponderante. Su rol de promotor del cable submarino que conecte ambos continentes debe ser impulsada como objetivo prioritario, pues, en la medida que se mejoren las comunicaciones, se amplíe el uso de internet y se estimulen nuevas tecnologías, en esa proporción se tendrán pueblos más educados y más dispuestos a progresar.
Venezuela y sus oportunidades
Si Venezuela vio oportunidades en la creación de empresas mixtas para la creación de refinerías, y para le minería; también debería colocar su ojo en el desarrollo de telecomunicaciones. Brasil, por su parte, no desaprovecha la oportunidad e invierte en futuro. La nación, quiere que muchas de las naciones de África adopten su tecnología de televisión digital. Seguramente estará interesado que los sistemas de telecomunicaciones de próxima generación sean fabricados en su territorio. En este punto nuestro país, deberá considerar que los próximos satélites que se aspiran a colocar en órbita garanticen oportunidades al país de hacer negocios y los pueblos del África de salir de su miseria. Una oportunidad de oro, que podría impulsarse desde acuerdos SUR-SUR.
Mil millones de habitantes sin dudas lucen atractivos. Dependerá de la visión de los dirigentes políticos detectar las oportunidades. De no hacerlo, seguramente serán otras naciones las que tomen la batuta. Serán ellas las que tengan los beneficios, una vez superados los problemas iniciales.
Ejemplos hay muchos de lo que puede hacer Venezuela. Primero, la masificación del prepago móvil celular, segundo la creación del programa “Cantv equipado” y tercero el tan nombrado método de enseñanza a través de las computadoras Canaima –Classmate- que los ministros de Educación Héctor Navarro y de Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias, Jesse Chacón, no dudaron en califiar como el mejor y único del mundo.
Alternativas hay muchas, pero eso sí, todo dependerá de la disposición de los gobiernos del África subsahariana y de Sudamérica de pasar del discurso a la acción. También será crucial el grado de compromiso que mantengan los futuros líderes de nuestro continente ante los planes solidarios que actualmente se gestan. No menos importante será la voluntad política de los líderes africanos, que han logrado enquistarse en el poder gracias a su poco interés por educar a sus pueblos. Esto se evidencia cuando se miden los niveles de pobreza y marginalidad de las naciones africanas antes de su independencia que eran menos alarmantes que ahora.
La región, madre de mucha de nuestra cultura, deberá también resolver sus problemas tribales, sus guerras civiles, sus conflictos étnicos, que han provocado genocidios como en Ruanda o la división territorial de Somalia y Somalilandia.
Todas estas realidades deberán ser afrontadas por nuestros pueblos, sumergidos en un mar de prosperidad y liderados por Brasil. De lograr los objetivos y de establecerse condiciones mínimas para el desarrollo de África no sólo se harán negocios, sino se contribuirá con el progreso de la más antigua y menospreciada madre patria.
Origen de la humanidad
Hace más de 200 mil años los primeros humanos abandonaron África para conquistar el mundo. Antropólogos de todo el mundo argumentan que paradójicamente los pueblos que emigraron a Europa y Asia volvieron a su continente originario para esclavizar y dominar a los pueblos originarios. Explican los expertos, que las condiciones climáticas, la vegetación y la domesticación de animales que lograron los pueblos que se establecieron fuera de África, estimuló el desarrollo tecnológico, la creación de comunidades, y luego civilizaciones.
Lo alarmante es que esta situación de dominación y coloniaje se mantuvo hasta hace menos de 50 años y se enquistó en el seno de la sociedad, en especial en la región subsahariana, donde los líderes se han transformado mayoritariamente en reyes y dictadores corruptos.
Otro uso del móvil
En África el uso de los teléfonos celulares debe ser distinto al de otros pueblos. En esta región el celular tendrá otros objetivos. Uno de ellos es ser el primer medio de bancarización de la población. Una vez haya avances en el despliegue de redes, los móviles y las comunicaciones deberán estimular la tele educación y la tele medicina.